“El señor presidente está equivocado”: alcalde de Santa Rosa responde a acusaciones de Petro

ILTA, frontera amazónica — agosto de 2025.
El ministerio de Relaciones Exteriores y el propio presidente Gustavo Petro reavivaron la disputa limítrofe con Perú, afirmando que la Isla Santa Rosa —ubicada en el río Amazonas, frente a Leticia— no fue asignada a ninguno de los dos países en ninguno de los tratados históricos y que su reciente declaratoria como distrito peruano pasó por alto normas bilaterales.

Frente a estas declaraciones, Max Ortiz Rubio, alcalde de Santa Rosa —ya establecido como distrito dentro de la provincia peruana Mariscal Ramón Castilla— fue claro y categórico en su respuesta: “El señor presidente está equivocado. Santa Rosa ha sido del Perú toda la vida”.


Un territorio con identidad peruana

Desde su oficina en la isla, Ortiz Rubio explicó que el territorio no solo tiene décadas de ocupación peruana, sino que sus habitantes han construido una comunidad sólida, con servicios básicos, comercio, agricultura y arraigo cultural. Para él, las afirmaciones colombianas no solo son erróneas desde lo técnico, sino innecesariamente provocadoras en medio de una región de convivencia binacional.

No dejó de señalar que la isla —surgida por procesos naturales del río— ha estado sujeta a la administración peruana sin contención desde hace más de medio siglo, respaldada por autoridades locales y nacionales.


Editorial: entre soberanía y convivencia

La tensión diplomática por territorios en la triple frontera amazónica no es nueva, pero ha escalado con un tono nacionalista. La retórica presidencial colombiana, que cuestionó el desacuerdo con Perú desde la historia de los tratados, generó una reacción inmediata desde la comunidad local.

Ortiz Rubio no buscó tecnicismos legales: apeló al sentido común y a la realidad cotidiana. Su mensaje es claro: mientras la diplomacia reabre disputas, los habitantes de Santa Rosa siguen con sus vidas, sin partida ni cambio. Y eso, en una frontera de armonía ancestral, pesa más que los debates académicos.


Conclusión

La declaración del alcalde de Santa Rosa representa una contrapropuesta simbólica y real a la narrativa centralista: la soberanía se vive desde lo local, no desde eslóganes presidenciales. La isla reivindica su derecho a existir y existir en paz, sin verse atrapada en un conflicto que los supera.

Santa Rosa pide que haya diálogo, no confrontación. Que haya historia, pero también sentido común. Y que la diplomacia no desconozca lo que las comunidades ya han construido.

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