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¿POR QUÉ EL TERREMOTO DE MAGNITUD 7,4 NO CAUSÓ GRAVES DAÑOS EN BOGOTÁ? ESTAS SERÍAN LAS CLAVES

Aunque el terremoto de magnitud 7,4 se sintió con fuerza en Bogotá y provocó la evacuación preventiva de numerosos edificios, la capital no registró colapsos estructurales como los observados en otras ciudades. La profundidad del sismo y las condiciones de sismorresistencia de las edificaciones aparecen entre los factores que ayudan a explicar por qué el impacto fue diferente.

Bogotá D.C. El terremoto registrado a las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, generó momentos de angustia en la capital del país. Miles de personas evacuaron viviendas, oficinas y otras edificaciones después de sentir el fuerte movimiento.

Sin embargo, mientras con el paso de las horas comenzaron a conocerse imágenes de estructuras colapsadas y graves afectaciones en ciudades como Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, en Bogotá el panorama fue diferente: pese a la intensidad con la que se percibió el terremoto, no se reportó el colapso de edificaciones.

La situación despertó una pregunta entre los habitantes de la capital: ¿cómo un terremoto de magnitud 7,4 pudo sentirse tan fuerte sin provocar una destrucción comparable con la registrada en otras zonas?

La explicación no puede atribuirse a un único elemento. Entre los factores señalados se encuentran las características del movimiento telúrico, especialmente su profundidad, y las normas de construcción que buscan reducir el riesgo de colapso durante un terremoto.

LA PROFUNDIDAD DEL TERREMOTO MARCÓ UNA DIFERENCIA

Uno de los datos determinantes fue la profundidad del evento sísmico. De acuerdo con la información divulgada tras la emergencia, el terremoto tuvo una profundidad aproximada de 103 kilómetros.

Este factor resulta relevante porque la magnitud, por sí sola, no determina el nivel de destrucción que puede ocasionar un terremoto.

La profundidad, la distancia al epicentro, las características del suelo, la vulnerabilidad de las construcciones y la forma como se propagan las ondas sísmicas también influyen en los efectos que finalmente experimenta cada ciudad.

Esta característica permite entender, además, por qué no resulta adecuado comparar dos terremotos únicamente por su magnitud.

El caso colombiano fue contrastado con los fuertes terremotos ocurridos recientemente en Venezuela, donde movimientos de magnitudes 7,2 y 7,5 ocasionaron daños considerables en numerosas edificaciones. A diferencia del terremoto colombiano, esos eventos fueron superficiales, una condición que puede producir efectos distintos sobre las zonas cercanas.

CONSTRUCCIONES SISMORRESISTENTES, OTRA DE LAS CLAVES

Otro elemento que cobra relevancia es la reglamentación aplicada a las construcciones colombianas.

El país cuenta con el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-10), que establece requisitos mínimos para el diseño, construcción y supervisión técnica de las edificaciones con el propósito de reducir los riesgos ante movimientos sísmicos.

La normativa contempla su aplicación en nuevas edificaciones y también establece condiciones para determinadas intervenciones, remodelaciones y procesos de reforzamiento estructural.

Entre los principios que permiten mejorar el comportamiento de una edificación durante un terremoto se encuentran la resistencia, ductilidad y redundancia estructural.

La resistencia hace referencia a la capacidad de una estructura para soportar diferentes cargas y fuerzas sin presentar fallas críticas.

La ductilidad, por su parte, permite que determinados elementos puedan experimentar deformaciones antes de sufrir una ruptura repentina, mientras que la redundancia busca que existan diferentes mecanismos capaces de transmitir las fuerzas sísmicas hacia el suelo.

En términos prácticos, esto significa que si determinado elemento estructural resulta comprometido, otros componentes pueden contribuir a distribuir las cargas y reducir la posibilidad de un colapso.

BOGOTÁ EVACUÓ EDIFICIOS, PERO NO REGISTRÓ COLAPSOS

La intensidad con la que se percibió el terremoto quedó reflejada en las evacuaciones realizadas en numerosos edificios de Bogotá.

Personas que se encontraban en viviendas, oficinas y establecimientos salieron hacia puntos de encuentro mientras se verificaban las condiciones de las estructuras. Pese al temor generado por las imágenes que llegaban desde otras regiones del país, en la capital no se produjo un escenario similar de edificios derrumbados.

Esto no significa que Bogotá sea inmune a un terremoto de gran magnitud ni que todas sus construcciones presenten el mismo nivel de seguridad. El comportamiento de cada edificación depende de factores como su antigüedad, diseño, mantenimiento, modificaciones realizadas y condiciones particulares del terreno.

La experiencia del terremoto del 10 de agosto de 2026 vuelve a poner sobre la mesa la importancia del cumplimiento de las normas sismorresistentes, especialmente en una ciudad con millones de habitantes y una amplia variedad de construcciones levantadas en diferentes épocas.

MAGNITUD NO SIGNIFICA AUTOMÁTICAMENTE MAYOR DESTRUCCIÓN

La comparación entre el terremoto colombiano y los movimientos registrados en Venezuela también deja una conclusión importante: un número mayor en la escala de magnitud no implica necesariamente que los daños serán superiores.

Un terremoto puede tener una magnitud elevada y producir efectos diferentes dependiendo de su profundidad, distancia respecto de los centros poblados, características geológicas y vulnerabilidad de las edificaciones.

En el caso del terremoto colombiano, la profundidad aproximada de 103 kilómetros aparece como una diferencia importante frente a los terremotos superficiales registrados en Venezuela.

Mientras Colombia continúa evaluando las consecuencias del terremoto en las regiones más golpeadas, el comportamiento de Bogotá sirve también como recordatorio de la importancia de mantener y fortalecer las medidas de prevención, revisar las condiciones estructurales de las edificaciones y cumplir las normas diseñadas para reducir el riesgo ante futuros movimientos sísmicos.

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