El 7 de agosto de 2026 marcó el final del primer gobierno nacional de izquierda encabezado por Gustavo Petro y el comienzo de la administración de Abelardo de la Espriella. Mientras el mandatario saliente se despidió en Bogotá, el nuevo presidente rompió con la tradición al posesionarse en Cali y pronunciar posteriormente su primer gran discurso desde una instalación militar.
Colombia. El país vivió este viernes 7 de agosto una de las jornadas de transmisión presidencial más particulares de las últimas décadas. Gustavo Petro terminó oficialmente sus cuatro años de gobierno y abandonó la Casa de Nariño, mientras que, a cientos de kilómetros de Bogotá, Abelardo de la Espriella juró como nuevo presidente de Colombia para el periodo 2026-2030.
La jornada estuvo marcada por dos escenarios completamente diferentes: Bogotá fue el lugar de la despedida de Petro y Cali se convirtió en el centro del nuevo poder presidencial, en una posesión que rompió varias de las tradiciones políticas del país.
PETRO SE DESPIDIÓ DE LA CASA DE NARIÑO
En Bogotá, Gustavo Petro cumplió sus últimas horas como jefe de Estado acompañado por funcionarios, colaboradores y miembros de su familia.
Durante la ceremonia de despedida recibió los honores correspondientes como presidente saliente y abandonó la Casa de Nariño acompañado, entre otros, por sus hijos Antonella y Nicolás Petro.
Antes de retirarse, Petro agradeció a los integrantes de la Fuerza Pública encargados de su seguridad durante los cuatro años de gobierno y defendió el proyecto político que encabezó desde agosto de 2022.
Su despedida terminó con un mensaje en defensa de la democracia y la libertad de Colombia.
El mandatario saliente también había hecho referencia durante sus últimas horas en el poder al futuro de la Casa de Nariño, teniendo en cuenta la decisión del nuevo Gobierno de modificar algunos de los símbolos y espacios tradicionales desde los cuales se ha ejercido históricamente la Presidencia.
Petro no asistió a la ceremonia de posesión de su sucesor.
Así terminó un gobierno iniciado el 7 de agosto de 2022 y caracterizado por profundas reformas, fuertes confrontaciones políticas y una permanente polarización alrededor de la figura del mandatario.
CALI SE CONVIRTIÓ EN EL CENTRO DEL PODER POLÍTICO
Mientras Petro abandonaba la sede presidencial en Bogotá, Cali recibía a congresistas, mandatarios extranjeros, delegaciones diplomáticas y altos funcionarios para la posesión de Abelardo de la Espriella.
La decisión de trasladar la ceremonia fuera de Bogotá constituyó uno de los hechos más llamativos de la transmisión de mando.
Tradicionalmente, los presidentes colombianos toman posesión ante el Congreso en la Plaza de Bolívar y posteriormente se trasladan a la Casa de Nariño.
Esta vez ocurrió algo completamente diferente.
La ceremonia se realizó en la Arena de la Universidad Santiago de Cali, con capacidad para más de 2.500 asistentes y con la presencia del Congreso de la República.
La sesión comenzó con el llamado a lista de los congresistas y los actos protocolarios correspondientes.
Hacia las 4:15 de la tarde llegó Abelardo de la Espriella y posteriormente prestó juramento como presidente de Colombia.
UNA POSESIÓN CON IMPORTANTES INVITADOS INTERNACIONALES
La transmisión de mando reunió en Cali a diferentes jefes de Estado y delegaciones internacionales.
Entre las figuras que asistieron estuvieron el rey Felipe VI de España, así como los presidentes Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; y José Antonio Kast, de Chile, además de otras delegaciones latinoamericanas.
También estuvo presente el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
Estados Unidos estuvo representado por una delegación de alto nivel encabezada por funcionarios del área judicial y de lucha contra el narcotráfico.
Antes de la posesión, el rey Felipe VI sostuvo un encuentro con De la Espriella en Cali, en el que ambas partes destacaron las relaciones históricas entre Colombia y España.
La ceremonia también estuvo marcada por ausencias importantes.
Sectores del Pacto Histórico decidieron no participar en la posesión y realizaron actividades políticas y manifestaciones paralelas.
DE LA ESPRIELLA ABANDONÓ EL ACTO Y SE DIRIGIÓ A UN BATALLÓN
Uno de los momentos que más llamó la atención ocurrió después del juramento presidencial.
En lugar de pronunciar allí todo su discurso inaugural ante el Congreso, De la Espriella abandonó el escenario protocolario y se trasladó al Batallón Pichincha, también en Cali.
La decisión envió una fuerte señal política sobre una de las principales prioridades anunciadas por el nuevo Gobierno: seguridad, autoridad y fortalecimiento de la Fuerza Pública.
Rodeado de militares, el nuevo presidente pronunció allí su primer gran discurso como jefe de Estado.
“Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, manifestó al comenzar su intervención.
PRESENTÓ SU GABINETE Y LA NUEVA CÚPULA MILITAR
Desde el escenario militar, De la Espriella avanzó además en las primeras decisiones de su administración.
Presentó oficialmente a los integrantes de su gabinete y a la nueva cúpula de las Fuerzas Militares y de Policía que acompañará su política de seguridad.
El mandatario también firmó su primer decreto presidencial, orientado a fortalecer las medidas de seguridad en las regiones del país con mayores problemas de violencia.
Durante su intervención habló de seguridad, corrupción, narcotráfico, economía, religión y recuperación de la autoridad estatal.
El mensaje marcó desde las primeras horas una ruptura política con varias de las estrategias implementadas durante el gobierno de Gustavo Petro.
CAMBIO EN LA POLÍTICA DE SEGURIDAD
De la Espriella anunció una política más dura frente a las organizaciones armadas ilegales y cuestionó la estrategia de negociación implementada durante el anterior gobierno.
El nuevo mandatario planteó que las estructuras que no abandonen las armas deberán enfrentar una respuesta militar del Estado.
La seguridad fue precisamente una de las razones políticas utilizadas para justificar que Cali fuera escogida como escenario de la posesión, en momentos en que el suroccidente colombiano continúa enfrentando problemas relacionados con grupos armados, narcotráfico y economías ilegales.
La ciudad permaneció bajo un amplio dispositivo de seguridad durante toda la jornada.
MANIFESTACIONES Y TENSIÓN POLÍTICA
La transmisión de mando también evidenció la profunda división política que atraviesa Colombia.
Mientras seguidores del nuevo presidente participaron en los actos realizados en Cali, sectores de izquierda y simpatizantes del gobierno saliente realizaron movilizaciones y concentraciones.
Integrantes del Pacto Histórico estuvieron ausentes de la ceremonia oficial y participaron en actividades paralelas.
El excandidato presidencial Iván Cepeda, derrotado por De la Espriella en la segunda vuelta electoral del pasado 21 de junio, encabezó una movilización en Barranquilla.
También se registraron manifestaciones en Cali, Bogotá y otras ciudades.
Pese al ambiente de tensión política y al amplio despliegue de seguridad, la transmisión presidencial pudo desarrollarse.
DOS PRESIDENTES, DOS CIUDADES Y DOS VISIONES DE PAÍS
La imagen política del 7 de agosto terminó dividida entre Bogotá y Cali.
En la capital, Gustavo Petro abandonaba la Casa de Nariño después de cuatro años en el poder.
En Cali, Abelardo de la Espriella recibía la banda presidencial y posteriormente aparecía rodeado por integrantes de las Fuerzas Militares para anunciar el comienzo de una nueva etapa política.
La jornada simbolizó además un fuerte giro ideológico.
Petro llegó al poder en 2022 prometiendo una transformación social, ambiental y económica y convirtiéndose en el primer presidente de izquierda de la historia reciente de Colombia.
Cuatro años después, De la Espriella inicia un Gobierno con prioridades diferentes, especialmente en materia de seguridad, lucha contra las organizaciones armadas, política energética, relaciones internacionales y reducción del Estado.
El cambio comenzó desde el propio protocolo: Petro se despidió desde Bogotá, mientras su sucesor decidió iniciar su mandato desde Cali.
Así, el 7 de agosto de 2026 no fue únicamente una transmisión de mando presidencial: fue la representación pública de dos proyectos políticos enfrentados y el comienzo de una nueva etapa para Colombia.

